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Las armas, los decapitados y la violencia sin límite son ahora el cliché inevitable. Basta que salte el nombre de México para que la asociación con el narcotráfico y las muertes indiscriminadas emerja como un fuerte golpe de viento. Gerardo Naranjo lo sabe aunque no lamenta haber dedicado su última película al tema, 'Miss Bala', pese a aumentar el estigma. "Es la primera y la última vez que toco el tema, pero es algo que tenía que denunciar", dice, satisfecho de que su visión haya sido seleccionada por la Academia de Cine mexicano para optar a un Oscar, a la espera de que el jurado en Hollywood seleccione las finalistas.
Naranjo, responsable de cintas como 'Dramamex' y 'Voy a explotar', espera estar incluido entre las nominadas y competir "con la cabeza muy alta", sabedor de que si se lleva la estatuilla dorada a casa, las puertas de la industria más poderosa del mundo quedarán abiertas de par en par. Aunque no le tienta el dinero, ni el "cine masticado" que consumen en Estados Unidos. "Espero poder rendirles homenaje a los directores que realmente supieron hacerlo bien".
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