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INDIANAPOLIS -- Cuando Tyell Morton, de 18 años, colocó una muñeca sexual inflable en un casillero de un baño en el último día de clases, no esperaba que directivos de la escuela llamarían al escuadrón antibombas o que enfrentaría una pena de ocho años de prisión y un posible registro de antecedente delictivo mayor.
La broma que salió mal al estudiante de último grado ha suscitado cuestionamientos sobre racismo, afán persecutorio y mentalidad post-Columbine en un pequeño poblado de Indiana y en todo Estados Unidos, reportó The Indianápolis Star en su edición del martes.
Expertos jurídicos pusieron en duda la pertinencia de los cargos contra Morton, y el profesor de Derecho Jonathan Turley, de la Universidad George Washington, hizo una pregunta más amplia sobre el caso de Morton en su bitácora jurídica.
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