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Gary Zammit, experto en vida animal, recogió al polluelo de su nido y lo trasladó a un parque natural en Cornwall (Reino Unido). Tras unos meses en los que la garza estuvo creciendo y cogiendo fuerza, llegó lo más difícil, enseñarla a volar.
Zammit se metió en su papel de 'madre' y comenzó a correr como un loco por el campo, moviendo los brazos como alas y llevando comida en su boca para que la garza le siguiera.
"Empezó a correr detrás de mí, en busca de alimento, eso le reforzó las patas. Luego agité los brazos como un pájaro y pronto me comenzó a imitar, hasta que despegó", comentó Zammit.
Aunque todavía no vuela demasiado alto y probablemente no sea nunca liberada, la pequeña garza ha demostrado ser un ejemplo de superación, según publica la BBC.
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