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La plaza Tahrir obtuvo ayer su mayoría de edad y demostró que no necesita ya de los Hermanos Musulmanes para arrastrar a cientos de miles de personas a este epicentro de la democracia popular. Los manifestantes mantuvieron su pulso a la junta militar en la que ha sido la mayor protesta desde la caída de Mubarak.
Ni el nombramiento de un nuevo primer ministro, Kamal Ganzuri, ni la promesa del Ejército de que el jefe del Ejecutivo tendrá todas las prerrogativas necesarias para gobernar de forma independiente, surtieron efecto.
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