Si Mubarak se ha creído que cambiando a unos títeres por otros nos vamos a ir a casa, aquí tiene la respuesta: no hay vuelta atrás, ¡fuera mafioso! No vamos a permitirles que nos meta en otro túnel de la oscuridad de 30 años.
La letaría de Tamer, un trabajador de la hostelería con la bandera de Egipto atada a la cintura, eriza la pasión de la masa que le escucha subida encima de un tanque del Ejército a las puertas de la plaza de Tahrir y se contagio al blindado de al lado donde los civiles comparten cigarros, bocadillos y se hacen fotos con los soldados.