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Nadie entiende lo ocurrido y muy pocos están dispuestos a hablar del crimen. Quienes lo hacen, hablan despacio, como si necesitaran mucho tiempo, primero, para componer sus frases y, luego, para intimidar con ellas, para creerlas. “Uno lo dice, pero no lo cree” dice Ivelisse Méndez, una vecina de la víctima, para explicar la desazón que acompaña a su familia desde que se supo la noticia.
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